El teatro amateur o aficionado está situado entre el ostracismo de los grandes teatros y los focos más polvorientos pero a máxima potencia de las pequeñas plazas.
Quizá haya resumido su situación demasiado, desde luego sería un logro conseguirlo en tan pequeño párrafo, lo que queda claro, para los que vivimos más en esta “trinchera” y no la tenemos como profesión, quizá por suerte o quizá por desgracia, es que la línea que nos separa de lo profesional es tan extensa como la del artista profesional que tiembla cada vez que piensa en que trabajará en los próximos meses.
Queriendo abrir cierto debate, considerad mi papel de aficionado y sin más pretensión que la de crear teatro. Como un hobbie más, el cual, se intenta minimizar el gasto de los montajes y así, si se obtiene algún beneficio, poder re-invertirlo en el siguiente. En el caso de que quede un poco más, nos podremos permitir un pequeño banquete de confraternidad para celebrarlo.
Siguiendo en mi lado aficionado, durante toda la puesta en escena, el teatro nos brinda el poder representar personajes con más o menos alcurnia, demostrarnos capacidad de construir un proyecto en comunidad, y mostrarlo, primero a tus vecinas y vecinos, después a los de estos y como apogeo, que haya gustado tanto, que te inviten a barrios o poblaciones más alejadas para verte. Lo de conseguir llegar a un certamen o concurso, es una cúspide para compañías ya muy consolidadas.
Desde el lado del profesional, quizá esta línea, según tu asentamiento en el sector, tenga muchos vórtices, demasiados incluso, para hablar en este escrito que intenta poner luz más enfocada al amateur.
Intuyo y detecto distintas visiones desde el profesional.
Unas versiones, ven al teatro aficionado como un fiel aliado, cantera e incluso puerta de acceso idónea para espectadores que luego apostarán por ver profesionales.
Y en el otro lado, en cambio, ven un fiero enemigo, incluso piensan que “nos quita el pan de la boca”.
En esta dicotomía podemos subir y bajar multitud de palancas como las que recriminan los costes de caché, libertad creativa, déficit de medios y un extenso etcétera.
No podemos dejar pasar que, aunque pueda parecer un sin sentido, en el teatro aficionado también se producen intrusiones profesionales.
Una ayuda técnica o de dirección profesional en momentos concretos, prácticamente por obligación, sobre todo porque las capacidades de un grupo amateur pueden ser muy precarias y están más que justificadas porque llegado el caso, hasta serían incapaces de levantar proyecto alguno.
Y también se sabe y se conoce que hay pequeños grupos profesionales disfrazados de amateur que viven, gracias a su calidad, de las ayudas al desplazamiento y premios de los tantos certámenes que existen en todo el territorio.
Dejando de lado estas suspicacias, esto no deja de ser un arte, y es obvio que quien trata al aficionado como cantera, tratará de observar y animar a cualquier artista a que se suba a su carro profesional tarde o temprano.
Hay actores y actrices en el teatro aficionado con seria ambición para profesionalizarse y esto ser solo un escalón en el proceso de formación, ya que al resto no aspirante, se le presupone que su profesión está fuera de la actuación y por lo tanto, no aspira a profesionalizarse, aunque…¿Qué aficionada/o tentada/o (ponga aquí el nombre de su director/a favorita/o) rechazaría un papelito?
En conclusión, el intrusismo hacia el aficionado, desde mi punto de vista, sí lo veo más dañino para el mismo.
Me explico, ese grupo numeroso de personas de distintas profesiones y edades, se une en un local cercano a casa, sin casting ni más selección que la del compañero/a director/a que se atreve a sacar un montaje adelante, tras horas de quehaceres ajenos, ¿podrían combatir en certámenes que ofrecen pequeñas compensaciones económicas ante un grupo “semi” profesional y que se dedica plenamente a ello?
En muchos casos además, estos grupos suelen ser de muy escasos miembros (1 a 4 máx.) y, si buscas sus nombres, incluso han participado con cierta periodicidad en proyectos profesionales.
Su calidad llega a deslumbrar en esa línea que separa la pureza de ciertos certámenes que quieren ver a similares, y se ven atraídos por montajes meritorios de cualquier sala comercial.
Es obvio que la cultura recibe la mínima financiación y tiene público de nicho, no tan prolífico como se desearía y con eso, se explica casi todo.
Por otra parte y para finalizar este escrito, quien más ve teatro profesional es el aficionado, que obtiene ideas, toma ejemplo y aclama a esos montajes, además marcan sus pasos e inspiran de la mejor manera para hacer llegar su teatro a las aldeas más pequeñas, por las cuales un profesional, ni por asomo, podría ser contratado.
¿Alguien se ha dado por aludido? Esta serie quiero que muestre las cualidades de la cultura del teatro amateur, es un debate que abro aunque probablemente ya está más que abierto.
Ah! muy pronto lanzaré la nueva serie sobre grupos profesionales, que intentan ganarse la vida por el arte, creando desde la primera letra del montaje, hasta cerrando el telón cuando por fin han podido representarla. Otra dimensión del teatro que hay que valorar enormemente.
*Como profesional de la programación y desarrollo de aplicaciones web, procuro no utilizar imágenes que no vea que tienen una licencia CC o son públicas, si encuentra una imagen que le pertenece, no dude en solicitar su retirada, realizaré la investigación pertinente y procederé a su sustitución.










