Espacio: Casa Mediterráneo (Alicante)
Fecha: 21 julio de 2026
Díptico Los locos de Valencia
Este texto de Lope de Vega no llevó solo locos a los personajes, sino también al público presente. Encontrásemos el distinguido, frente a frente con los artistas, en noche tórrida, bochornera y alicantina, rodeados de enormes máquinas de viento y cantidad ingente de micrófonos con más pelos que migas entre sí.
Para mi, esto resume bien lo sucedido al presenciar Los locos de Valencia del Institut Valencià de Cultura (I.C.V.) en la Casa Mediterráneo. Pero tengo más.
Este enrevesado texto de Lope de Vega, no ha tenido hoy la mejor puesta en escena posible por la parte técnica, pero no seré yo quien quite valor al trabajo de interpretación que, tras sudor, lágrimas y alguna garganta han levantado las actrices y actores del montaje.
Una escenografía cuidada, con un vestuario dispar al tiempo, si han dado muestra del potencial del montaje. Dirección aguarda.
Hay que destacar, entre los protagonistas, Marina Alegre y Manuel Minaya a la cabeza con gran ahínco.
Y el elenco coral tan bien conectado pese a las dificultades del espacio.
Un compañero de fatigas y amoríos hecho por Arturo Sebastiá, un arqueado director de hospital, espalda y rodillas por delante, encarnado por Carles Sanjaime, un par de locas encantadoras y guerreras hechas por Lucía Poveda y Marta Santandreu.
Un brillante coro, loco, de espléndidas voces, ideas y muy adorables, como el amoroso Fernando Soler, la voz de Elena Vaye, el polifacético hombre-orquesta Josep Zapater y además tenían a un músico cabezón, que también las hacía como administrador del hospital con Héctor Fuster.
El malhechor criado y a la vez ingenioso príncipe Sergio Martínez y por último, que también doblaba personaje de manera brillante siendo el primo del director del hospital y también médico del mismo Angel Figols.
No me quería olvidar de que también hubo invitados al convite nupcial, bueno, al múltiple convite nupcial que se celebró. Gracias a la invitación expresa de la primera novia y su séquito, bajo a pedir manos y subieron un nutrido grupo y diverso al escenario, para ver en sitio tan privilegiado las escenas finales de la función e incluso recibir los aplausos, dándoles la máxima cercanía y siendo parte del montaje. No negaré que se me aceleró el corazón cada vez que me cercaban, pero no hubo suerte…o sí.












