Espacio: Teatro Principal – Alicante
Fecha: Jueves, 18 de septiembre de 2025
Recomendado en la Cartelera de febrero de 2026.
Aprovechando el 9º festival internacional de Teatro clásico de Alicante no podía dejar pasar la oportunidad de ir a ver Pepe Viyuela, para mí un actor de referencia al cual no había todavía visto sobre las tablas. Además, venía con buenas referencias sobre su interpretación en Utiel, mi pueblo, solo 6 días antes, pero con otro montaje distinto.
El comienzo nos presenta una compañía que forma un comediante (Pepe Viyuela) y una tañedora de instrumentos (Sára Águeda), que le apresura a leer y contar el libro de Onofre Caballero, un guitón o pícaro del siglo XVII que huérfano, ya sufrió una quemadura, que le marcará su vida y cada episodio de ella.
En lo que tardan en ponernos en situación y nos va dando tiempo a acomodarnos en la butaca, apenas unos minutos de comienzo, la actuación de Viyuela acompañado por los diversos instrumentos y objetos sonoros de los que dispone Águeda ya te atrapa en un cariño e intriga por las azarosas historias del pícaro Onofre.
Águeda siempre acompañando al comediante, Viyuela en su papel de Onofre y la vieja, el hidalgo, el raudo, un caballo, una gallina, pavos…impresionante la capacidad camaleónica con su voz y cuerpo para contarnos una historia con más pena que gloria sobre un pícaro que al menos contrapié hacía pagar a su malhechor con los «pero» tan condicionales en nuestras vidas.
La historia de Onofre no deja de reflejarse en la actualidad, donde podemos ver como sobrevivía desde niño huérfano en casa ajena, viajaba buscando encontrar un mejor trato y sobre todo alimento, en cada gran tropiezo, viajaba para encontrar mejor amo y que, como ahora, cuando se consigue algo de dinero, la palabra meritocracia no tiene más valor que su definición, cuando te dejan de machacar te conviertes tú en el machacador y evasor de responsabilidades.
Un trabajo reforzado por la sutil escenografía que, de ser cuatro «palos» repartidos por la escena, se convierten en una gran catedral, como símbolo de la desgracia y la magnificencia. Cambio no reflejado en la fragilidad y oscuridad que sigue albergando Onofre, el cual nos emplaza en que, si aún comidos todavía seguimos hambrientos, nos comamos al de al lado.















